Labios milagrosos

En una boca se pueden encontrar mil cosas, buenas o malas. Puede herirte más una palabra lanzada por la boca del ser que más amas que un golpe. Una boca, unos simples labios pueden traicionar más que tu propio pensamiento, pueden decir más mentiras que un político y un sacerdote juntos; no por eso uno deja de contemplar, hasta incluso admirar esos labios llenos de promesas y profesías. 

Es duro caer en labios fríos, derrumbarte en una lengua peligrosa, filosa; caer ante dientes que no sólo buscan sacarte la ropa sino también hacer pedazos cualquier corazón que cruza en su camino. Mantenerte en pie, como quien espera que un político asuma y lo escuche, como quienes también esperan que llegue dios y los salve. Resistir.


En este pequeño mundo hay miles de bocas heridas, otras miles hirientes, que nacieron para lastimar. Pero hay otras, pocas, distintas. Existen tan pocas bocas sanadoras, que sus lenguas pasan por las heridas buscando sanarlas, haciendo desaparecer las cicatrices. Algunas lenguas no te prometen bajarte la luna, te hacen ver las estrellas y sin escala, sin promesas. Esas bocas muestran los dientes sólo para sonreírte.


Algunos labios sólo quieren sanar, curar todo lo que las lenguas filosas destrozaron. Las bocas como la tuya no sólo curan, también te sonríen, buscan hacerte sonreír sin esperar un beneficio a su favor, simplemente porque saben que hace rato no mostras los dientes. Por labios así, la fe sigue moviendo montañas y los políticos siguen creando partidos.


Ojalá el mundo se llene de más bocas como la tuya, que besan y sonríen, que sanan y te hacen ver las estrellas. Miles de besos repartidos en políticos mentirosos y en fieles oprimidos habremos dado para merecer labios como los tuyos, para conocer el cielo, para que nos hagan sentir que nosotras mismas podemos bajarnos la luna.


Porque realmente podemos, podemos todo, podemos hasta esperar toda una vida por unos labios así. Al conocer las estrellas mi deseo fue que todos puedan encontrar unos labios así, que los sanen. Yo me bajo la luna, pero agradezco que me hayas regalado las estrellas.
   




Coincidir

Tal vez sea lo más banal, lo más cotidiano en la vida. Seguramente pocos sean los días de tu vida en los cuales tengas la suerte de ver unos ojos que además de verte, te escuchen. Una sonrisa que sea contagiosa y una mirada que transmita paz. No siempre, no todos los días, mucho menos los días de tormenta donde todavía se pueden escuchar los vestigios del año que está yéndose.

De eso se tratan los comienzos, los inicios, las bases de algo se van generando a partir de cosas buenas. Las cosas buenas, o por lo menos las mejores que yo viví, fueron accidentales; de esos accidentes que no te arrepentís, porque los volverías a repetir. La lluvia es indicadora de muchas cosas, para mí es un buen augurio. Cuando después de las 00 horas brindas por un año nuevo que comienza y el cielo se empieza a caer en tu cara y se desliza…porque va a pasar, la lluvia y el año, logras sentir esa adrenalina que es la mezcla de los fuegos artificiales y de las ganas de un nuevo comienzo.

Venía cansada de escuchar historias, alguien quiso escucharme. Escuchar mis locuras, mis vivencias, sin peros. Debajo de la lluvia, ya venía pateando piedras y me acerqué, pude acercarme y dejar de ser terca. Pude dejar mi obsesión con encontrarle los defectos a las personas, dejé que fluya, como la lluvia. Los días no tienen dueño, pero ese primer día del año fue suyo. Se ganó todas las risas que venía rifando durante los últimos doce meses y nadie quiso apostar una ficha más por ellas. Se ganó algunos secretos, la luna brillaba en sus ojos y me hice cargo de ese brillo, de esa luz.

De a poco iba aclarando el cielo, las estrellas salieron y yo seguía esperando que no se termine el fernet. No quería dejar de hablar de cosas que nos pasaron ni dejar de opinar de cosas que no nos habían pasado jamás. No nos rozamos ni las manos, pero no hizo falta, las risas eran suficientes. Por primera vez, en todo lo que va de mi corta vida, pude empezar el año abriendo mi mente y mi caja de secretos delante de alguien que nunca me había siquiera mirado a los ojos. Pero esa noche supe que me entendía y yo a él. De eso se trata, de coincidir.

Yo quiero detener el tiempo, pero sale el sol, amanece con el pasto mojado y el rocío de la mañana. Hacía frío, pero yo me sentía más liviana, me sentí mejor. Tiene una risa que cualquiera pagaría por escuchar, para contagiar un poco. Yo la tuve gratis por una noche, al igual que su atenta mirada a mis historias y disparates. Nos fumamos el último cigarrillo y cerramos el amanecer con el último sorbo. Nos teníamos que despedir pero sé que, por algún estúpido motivo, quería seguir escuchando esa risa, que me mire mientras hablo y que me deje mirarlo. No necesité un abrazo, ni una caricia. Él me había abrazado con su mirada, me mimó con sus palabras y me alegró con su risa.

Cuando llegué, me cubrí del frío y de la lluvia, reposé mi cabeza y deje que el tiempo pase. Me dormí, la mañana siguiente me había despertado con esa extraña sensación de que la lluvia limpió mucho más que las calles. Había limpiado todo rastro de daño que había quedado en mí. Porque, aunque de nuevo todo me salga mal, por fin logré algo en el día menos pensado con la persona menos esperada: coincidir.





Infierno

Puse más ilusiones en ese tarro vacío que tenías siempre en la mano de las que debía. Coloqué tantos deseos en una caja con el fondo agujereado, iba depositando poco a poco cada sueño, acomodando todo tan prolijamente…como si se fuera a quedar todo ahí para siempre, como si me estuvieras cuidando.

Miraba el futuro con tu imagen en mis sueños, esperaba que llegue el resto de mi vida para encontrarme parada al lado tuyo caminando firmes como al principio. No me imaginaba otra verdad que no fuera la tuya, nunca nadie creyó en vos como yo lo hice. 

Pocas personas conocen todas tus miserias, yo sin embargo recorrí cada recoveco y lo amé casi tanto como al arcoíris que sale después de la tormenta.

No tendría que haber dejado todo en tus manos, nunca debí creer tanto en tus verdades. Mis pechos respiraban libertad y amor, tus ojos reflejaban intenciones que iban a quebrarme en dos. En dos, en tres y más de una vez. Con cada acción te ganabas una entrada eterna al infierno, yo te seguía igual…

Me saco el sombrero ante tu ausencia, hoy que mis ojos ven más allá. Mis piernas acarician soledad, vos seguís vagando de cama en cama.

Tuve que bajar con vos, la necesidad de recorrer el infierno de punta a punta para entender que el cielo no se lo gana cualquiera. Mi cielo no es para cualquiera, no era para vos.

A vos te quedará mi nombre grabado en alguna lista interminable, a mí me queda esa entrada al infierno, esas entradas que uno guarda en la billetera o en alguna caja vieja de recuerdos, para recordar buenos momentos y para entender, también, a donde jamás hay que volver.

Aunque haya sido el mejor calor, eran las brasas ardiendo y no lo supe distinguir. Aunque nunca me hayas soltado la mano, después entendí que me llevabas en picada a lo más profundo de tu alma, a la oscuridad absoluta. Aunque nunca me hayas dejado de mirar, tus ojos reflejaban vacío, el tuyo y el vacío que me ibas a dejar luego a mí.


Vomitando milagros iba yo, queriendo rescatarte a vos que ya estabas metro y medio por debajo de la tierra, hundido en ese infierno que te sentaba bien, cómodo.

Mis manos se aferran a los vasos de los bares. La resaca de esto me hace escupir verdades a diario, es que el infierno es encantador, pero no son viajes que se repiten, por lo menos no de a dos.




Lo eterno

La cama abierta de par en par, las sábanas desparramadas por todo el dormitorio
Las cenizas del cigarrillo habían desaparecido, las botellas seguían vacías
Esos cadáveres de vino y esas copas con labial rojo, toda la escena
Fiel reflejo del amor barato que tenían, nada los unía, nada más que el cariño.

Se veían poco (muy poco) de hecho, sólo se veían cuando estaban aburridos
Se llevaban bien, compartían grandes charlas entre risas
Pero entre risas se daban cuenta que querían más, las carcajadas no bastaban
Ninguno se animó jamás a decirlo, pero se miraban y entendían eso, se entendían.

Cada tanto se esfumaban y tenían una vida sumamente ocupada
Perdidos entre libros y responsabilidades no tenían tiempo para nada mas
Por varios meses tenían rutina y después volvían al vino y las sábanas
Las risas por medio y las charlas profundas que no tenían fin, ellos sí.

No importaba cuanto tiempo pase, ellos siempre se quedaban atrás
Avanzar estaba prohibido, escaseaba el tiempo, faltaba vino y sobraban responsabilidades
No se tomaron nunca las manos, pocas veces se abrazaron, pero era así (ellos eran así)
Todo tenía fecha de vencimiento, aunque parecía que no, ellos se sentían eternos entre risas.

El tiempo pasaba mientras el tren aceleraba, ellos no estaban preparados
Les gustaba reírse, nada más que reírse y tomar ese vino barato
El disfrutaba de sus labios rojos y ella de sus ojos infinitos
Nunca estuvieron listos, incluso antes de que esto empezara lo sabían: iba a terminar.

Pasaron meses, volvieron a verse y entendieron ciertas cosas
Cosas que ni el reflejo del vino, ni los nudos de las sábanas les permitieron ver
Todo tiene vencimiento, aunque sigas queriendo intentar
La vida avanza, todo termina…hasta lo que pienses que es infinito.

Pudieron verse a los ojos, agarrarse las manos y comprender
No todo tiene que funcionar, algunas cosas son fugaces
Son solamente eso, momentos: placenteros y divertidos, pero sólo momentos

Al entender eso, pudieron avanzar a la par de la vida y lejos de ellos mismos




Fragilidad

Tan débil me sentí, me siento. Tan sensible y propensa a quebrarme, así se siente. Nadie quiso que fuera así, es evidente que el no quiso debilitarme, pero así me siento.

El no supo ver todas las barreras propias que derrumbé para llegar a sus brazos, no quiso ver tal vez. No comprendió lo difícil que es para mi dejarme mimar, y me llenó de mimos. Y se fue, así me siento. 

Yo no suelo caer bajo la sonrisa de nadie, pero no vi maldad en su mirada. No hay maldad en su mirada, no hay maldad en el. Sólo no supo leer lo que escondían mis ojos. No supo entender que detrás de mis risas había algo tan frágil.

No me gusta esta sensibilidad, esto de ser un fino cristal a punto de quebrarse en cualquier momento. No me siento cómoda en este lugar a punto de caer, al borde, al límite, en la cornisa, así me siento.

Yo elegí bajar las barreras, dejarme querer. Decidí dejar mis armas en un rincón y poner las cartas sobre la mesa. Sacarme un poquito ese porte de "acá solo  mando yo" y dejar que me dominen un poco.

Las cartas sobre la mesa a veces te perjudican, cantan truco antes que puedas decir en vido. Te ganan el partido y te ganan el corazón. Y así me siento, perdida. Frágil.

No quiso, tal vez, que esto fuera tan fugaz. No quise que lo nuestro fuera tan breve. Tal vez a él también le costó derrumbar sus muros, no lo sé. No voy a saberlo si nunca me dejó entrar.

Por primera vez en mucho tiempo elegí dejarme querer, bajar los muros y abrir los brazos. Pero el ganó este juego, porque "lo único que no se puede elegir es el amor". Y así me siento, frágil.



Un beso y un café

No quiero que me agarres de la mano, ni te sientas obligado a abrazarme. Nos queda un largo tramo por descubrir. Yo solo quiero dormir al lado tuyo, que me despiertes con un beso y un café.

Honestamente no veo necesario que dediques tus domingos a planear cosas conmigo, salí y se libre, tenemos toda la vida para disfrutarnos aunque haya alarmas y las horas sean contadas. No quisiera que dejes nada por mí, no te dejes. Yo sólo quiero un beso tuyo y un café.

Mis días serán iguales con tu compañía o sin tu presencia, nada va a cambiar. Sé que mi andar no altera tu camino, sólo llamame si no querés caminar solo. Que caminar juntos no sea un deber o un compromiso, si vamos a la par que sea con ganas de verdad. No es algo necesario, yo solo quiero despertar con tu beso y tu café.

No quiero fotos colgadas en ninguna pared, las mejores fotos son las que quedan grabadas en la sien. Que haya siempre ganas de salir y ver el sol. Tantas cosas sobran y tantas otras faltan, como tú beso a la mañana y el café sin endulzar.

Quizás dure poco, un día o dos. Habrá que saber ver más allá del fracaso, algunas cosas no tienen que ser. Tal vez dure más de lo planeado y será la recompensa por haber esperado tanto. Nadie sabe sobre estas cosas, pero que lindo poder disfrutarlas. Tener tus besos por la mañana y el café sobre la cama.

Y algunos detalles van a quedarse dando vueltas, aunque nos vayamos por caminos opuestos o decidamos ir juntos. Si se da, hay un camino largo. Y si no, esto es democracia. Pero qué lindo sería tener por muchos días más, tus besos de desayuno.

Puede que nos salga mal, la mayoría de las cosas y eso no significa que estemos destinados a fracasar, tal vez nuestro destino sea no dejar de intentar. No dejemos que esto pase, que no se enfríe el café y no nos falten besos.

Los cuentos lindos están en las películas, esas que no te gustan ver. Seguramente nuestra historia tengas otros matices, quizás termine todo antes de empezar y no hay que dejar de guardar los momentos disfrutados, y hacer lugar a todo lo que vendrá.

No quiero que tengas la obligación de aceptarme, ni yo de quedarme a tu lado. Si se da, hay que aprovecharlo porque de lo contrario tendremos que seguir. Vos sin mis caprichos y yo sin tu humor.



Siempre estoy buscando algo distinto, y esta vez la distinta soy yo. Bajé mis barreras y mis ganas de no ser las dejé de lado, pero si no se da, cada uno sabe para qué lado seguir. Y si se da, espero que nunca me falte tus besos de desayuno y el café sin endulzar.


MIL VIDAS

Te conozco de otra vida, ya vi tus ojos mirándome fijamente y diciendo “te quiero” incontables veces. Tomé tu mano por miedo, por costumbre, por frío, por inseguridad, por amor. Tomé tu mano. En mis otras vidas cometí errores garrafales, en mis otras vidas te solté la mano.
Tantas veces te besé que se me gastaron los labios, tantas veces que puedo volver a sentir el gusto de tu boca de sólo pensarlo. Todas esas veces me sentí afortunada, todas, hasta cuando te besaba con lágrimas en los ojos, hasta cuando el beso dolía más que una mordida.

Supiste abrazar, abrazar fuerte. Abrazar mis miedos, mis inseguridades, mis dolores, supiste cómo cuándo y dónde abrazarme y por eso siempre volví a tus brazos. Tus brazos son el mejor escudo de protección.
En alguna otra vida me equivoqué, te solté la mano, deje de abrazar y no supe besar sin morder hasta hacerte sangrar. En alguna otra vida te hice sangrar más que los labios, te hice sangrar el corazón.
Todo tiempo pasado no siempre fue mejor, mejor que todo eso es tenerte hoy. En alguna de tus vidas me soltaste la mano, me dejaste desprotegida y fuiste caminando lejos de mi. Todo tiempo pasado fue malo si hoy volves a mirarme a los ojos y no nos volvemos a herir.

Tal vez por inexpertos, apurados o por querer que el futuro nos encuentre juntos hicimos todo mal, pisamos en falso, nos desviamos del camino, nos perdimos totalmente de nuestro eje, dejamos de mirarnos a los ojos. Tal vez no haya explicación a porqué siempre hacíamos todo mal, pero estoy segura que no hay explicación a que siempre terminemos frente a frente en silencio y pidiéndonos a gritos un beso.

No importa el lugar, las circunstancias, el horario. Siempre vas a estar buscándome y yo siempre voy a estar yendo hacia donde tus abrazos estén porque cuando el tiempo pasa corren litros de agua por el lugar, se borran las huellas y se perforan las piedras, pasan las estaciones y el reloj no va en reversa, porque aunque seamos distintos físicamente o emocionalmente, porque a pesar de que estemos en veredas opuestas en este largo camino siempre ( S I E M P R E) vas a volver a buscarme y yo voy a perderme en tu abrazo, porque no hay nada que me dé tanta paz como tus ojos mirando fijamente los míos y diciendo “te quiero”. Aunque pasen mil vidas, te quiero.


Mi juego

El tiempo va a curar todo, estoy segura. No se cuánto tiempo me llevará curar todo lo que está hecho trizas en mi vida, tal vez sean unos días, quizás meses. Posiblemente toda la vida esté curando las heridas pero nadie puede afirmar o negar nada de esto, ni siquiera yo. No, ni siquiera yo soy dueña de mi propia vida, ni siquiera yo misma puedo curar mis propias heridas.

La realidad es que las heridas ni siquiera son mías, no pueden ser MIAS las heridas que yo no realicé. ¿Las propicié? Tal vez, pero no fui yo quien prendió el fuego, no fui yo misma la que incendió todo esto de adentro hacia afuera; algunas partes de mi ya son cenizas. Sólo puedo esperar que el tiempo pase y las llagas no se hagan mas profundas.

Lo que estoy segura que ya no voy a permitir es que quieran sanarme quienes provocaron todas estas heridas, no voy a dejar que tiren baldes de agua quienes hace un tiempo estaban ansiosos prendiendo los fósforos. Mucho tiempo permití que, quienes me quemaban, curen mis llagas...pero esta vez lo dejo todo en manos del tiempo.

¡Se que siempre me quejo del tiempo! que no me tira una buena carta nunca, que no frena cuando lo necesito y que no acelera cuando estoy apurada. Di vuelta el tablero,esta vez voy a jugar para el mismo equipo que el tiempo: si quiero que todo vaya mas lento, aprenderé a a disfrutar todo con intensidad, si necesito que todo acelere simplemente voy a dejar que todo pase y si quiero que mis heridas sanen voy a dejar todo en manos del tiempo. Dejo de correr, me paro para caminar a mi ritmo y aprender a disfrutar.

Que el tiempo haga lo que tiene que hacer, el tiempo es mas sabio que yo y lo viene demostrando hace varios incendios.  El tiempo va a seguir haciendo todo a su manera, esta vez yo juego a su favor. Ya no voy a pretender que me tire una buena carta ni el tiempo ni nadie.

Sabré caminar con mis heridas a cuestas, entenderé si me lleva mas de lo que espero sanarlas. Pero voy a empezar a disfrutar cada segundo, cada sonrisa, cada abrazo, cada rayo de sol en mi cara.

La diferencia entre gozar y padecer esta vez ya no corre por cuenta del tiempo, esta vez es mi juego. El tiempo no es amigo mío, nunca lo fue. Esta vez juego para su equipo, tal vez así dejen de pesar algunas piedras y dejen de quemar algunos incendios. Mi recompensa será levantarme un día y que no haya ninguna ceniza dando vueltas, ese día voy a entender que jugué bien, para el equipo correcto.



OPORTUNIDADES

Dicen que las segundas vueltas no sirven, pero que la tercera es la vencida, dicen que quien se equivoca una vez lo vuelve a hacer y quien realmente está arrepentido puede redimirse. Es tan contradictorio todo el tiempo recibir “consejos” de personas que no son uno mismo, mi mente, mis pensamientos, mi yo interior.

No deseo ser el centro de análisis de esas tardes de amigas, ya no. Necesito sumergirme en mi yo interior…en ese que está muchos metros bajo piel y pocas veces se hace notar. Tengo que tener por un segundo una charla conmigo misma y ver que tiene de bueno o malo dar oportunidades a las personas: primera, segunda o tercera… o más.

¿Y si realmente quien pide esa oportunidad está arrepentido? ¿Y si no lo está? ¿Y si esa persona quiere solamente aprovecharse de tu confianza? ¿de tu inocencia? Definitivamente son muchas preguntas para responderme a mí misma, tal vez sean pocas preguntas pero con mucha complejidad, quizás la compleja sea yo…

Mi yo interior, hoy y ahora, en este preciso momento me ruega que de una oportunidad, que seguramente fue sólo un error. Esa pequeña yo que anda deambulando por alguna parte de mi mente me dice que no está tan mal arriesgar una vez más si realmente nos importa esa persona por la cual uno decide apostar una vez más.

Quienes leen esto se preguntarán ¿De quién mierda habla?
DE MI.

Hablo de volver a darme una oportunidad a mí misma, como lo vengo pensando hace mucho pero nunca termino de definir si valió la pena o no, a veces pienso que tengo que darme todas las oportunidades que necesite y otras veces creo que tengo que ponerme límites. La gran parte de la sociedad piensa que dar oportunidades es para un tercero y a veces dar una oportunidad tiene que ver con uno.

Reconciliarse con uno mismo, con el espejo y con los errores y defectos que uno lleva a cuestas y va a llevar siempre. Las oportunidades no se regalan, se ganan, pero creo que todos merecemos darle oportunidad a ese “yo interior” que suplica hacer las cosas bien. Dejar de enamorarse de ojos mentirosos, dejar de meterse en líos sin fin, dejar de hacerse problema por cosas sin solución y demás …

Mirate al espejo, y date cuenta lo que vales y mereces: mil oportunidades. Los demás no, el que se equivocó se puede ir por donde vino y quien no te sumo ¿adivina qué? Si, restó. Date esta oportunidad para vos, para ser feliz y para hacerte feliz a vos mismo. Los demás que se vayan al carajo, al fin y al cabo no hicieron lo que debían para permanecer en tu vida. Valora tu esencia, esa que te permite darte otra oportunidad y decir -BASTA- cuando es necesario.

Querete, querete mucho que quienes merezcan estar en tu vida sabrán entender eso del amor propio y de dar oportunidades, así como vos y como yo, que vamos por la vida regalando oportunidades a quienes no las merecen y nosotras mismas nos señalamos con el dedo cuando tenemos un espejo cerca.

 YA NO, la oportunidad esta vez es para mí y solamente para mí porque nadie más que yo merece una oportunidad en mi propia vida, los demás que pretendan una oportunidad: que se la ganen. Yo me la gano a diario.


La vida no es así

Ahora estás ahí corriendo huyendo de los que huyen. Y estas dando vueltas escapando de vos, de mí. No te cansas nunca de buscar alguien que busque lo que vos queres encontrar y no, la vida no es así! Nadie debería buscar las cosas que vos queres encontrar. Yo solo quería abrazar, encontrarme en los brazos de alguien, en esos brazos que abrazan de verdad, vos sólo huías de los que huyen, huías de gente como vos. No podíamos ser porque el tic-tac nos apuró, siempre apura ese hijo de puta que no frena ni para un chagüí...Pero nunca te mentí, fui honesta, yo quería quererte de verdad. Te quería querer de verdad, pero terminé hecha pedazos y la vida no es así (la vida debe ser hermosa), vos seguías corriendo huyendo de vos, de mí, del amor.

Tengo que acordarme de no recordar y acordarme de sonreír, a veces paso días sin mostrar mis dientes, pero vos seguías por allá corriendo de ¡vaya uno a saber qué! si la vida no te puede perseguir ni mucho menos esperar, la vida estaba mucho más adelante que vos pero ni siquiera lo notaste y seguías escapando. Tuve que acordarme de abrir los ojos para ver, verme y ver las flores, ver el sol y respirar aire fresco. Temí ser algo parecido a lo que vos eras (y sos), una persona que vive huyendo, corriendo, escapando, pero a mí siempre los pies me pesaron en demasía y mis sueños me hicieron sembrar raíces...

ME QUEDO ACÁ, porque la vida no es así, no se puede andar corriendo de todo ni de todos. No quisiera tachar sobre lo que ya está hecho, el hecho es que quise quedarme con lo más importante mientras vos seguís huyendo. Me voy a acordar de no volver a romperme a mí misma por cosas que ya sé que no tienen solución, aunque quisiera que fuera de otra forma. Cerraré los ojos, tomaré aire y saldré a caminar despacio así ya no tropiezo, pero vos seguí allá o acá o donde sea, seguí corriendo que, aunque te insista en que la vida no es así vos vas a seguir siendo igual: un frágil y estúpido creyente de que si corres los problemas no te alcanzan.

Algo habré hecho bien para estar ahora lejos de vos, la vida me premió con esta soledad que me permite ver, ver las flores verme a mí y ver el sol. Y cuando abro los ojos lo hago despacio porque me aterra encontrarte ahí creyendo que encontraste alguien que busque lo que vos queres encontrar. Y no, la vida no es así. Me fui a buscar mi propio camino hace tiempo, porque me gusta caminar despacito y pisar las hojas que crujen. Ya no hay tiempo de recuperar nada y sé que pocas cosas fueron tan lindas como correr a la par tuya, pero tenía las piernas cansadas, los ojos perdidos y aunque hicimos lo más hermoso del mundo y no sé si sienta igual otra vez, entendí que no puedo huir siempre porque la vida no es así; yo quería quererte vos seguías corriendo y entendí que no podía correr siempre a la par de nadie que no quisiera antes caminar lento conmigo, tenía que dejarte seguir tu camino.

Los motivos los entenderás más adelante, cuando dejes de escaparte de todo, vas a entender también que la vida no es así, pero mientras tanto este recorrido se bifurcó y aunque me pese sé que elegiste el camino más fácil. Nos veremos cuando entiendas que yo de verdad quería quererte, o cuando te canses de huir, tal vez sea cuando aprendas que el mundo es redondo o cuando encuentres lo que buscabas y no tengas con quien celebrarlo. Pero no te preocupes, yo voy despacio porque mis sueños pesan mucho y me llevan más lejos.

 Vos seguí corriendo por ahí, aunque la vida no sea así…

Mis muros

Que baje la guardia me dicen, a diario, a cada minuto, alguien distinto en algún momento del día me dice esa frase. Que deje de poner esa barrera entre mis sentimientos y las personas, a veces solo me sale sonreír y otras tantas pregunto ¿Cómo?

Creen que puedo tener el privilegio de bajar la guardia y dejarme abrazar, aunque eso signifique para mi enredarme en las espinas venenosas que tienen en el pecho algunas personas y dejarme herir como si no lo hubieran hecho cientos de veces. No puedo tener ese honor de ir dejando que las cosas pasen, no es fácil para mí porque, admito tener ese traje de algún material que yo misma diseñe a la perfección para que nada pueda lastimarme, pero aun así todavía algunas cosas me duelen hasta el punto de encontrarme entre mis muros refugiada pidiendo que frenen con los misiles de una buena vez. Les parece, a quienes me conocen, una picardía desperdiciar tanto amor que tengo para dar así: escondida en los propios muros que fui construyendo, pero tengo una opinión muy distinta a los demás porque a veces, protegerse es una enorme demostración de valentía y te quiere la persona indicada siempre (vos mismo).

Seguramente nadie pueda acercarse a mí y me pierda de muchas personas que realmente valen la pena, pero no estoy segura de necesitar realmente eso. Se empeñaron tanto en decirme que yo puedo con todo que por un momento lograron convencerme y no, no solo no puedo con todo, sino que también tengo derecho a derrumbarme de a ratos. Tropecé tanto y necesito de a ratos caer, tirarme en el piso y acariciar el cemento, ese mismo que usé también para edificar mi propio muro.

Cuando llegue la persona indicada intentaré abrir mi muro y que conozca mi interior, pero no puedo bajar la guardia. Mis errores están carcomiendo mi conciencia para que no sea una tarada reincidente porque, como cualquier droga, el amor tóxico es algo de lo que es muy difícil salir y muy fácil recaer.

Sé que mi muro me aísla increíblemente de muchas personas y tal vez esté haciendo las cosas mal, pero vengo creyendo hace muchos años que hago todo bien y termino mirándome al espejo repitiendo lo idiota que fui. Mi muro es, hoy, mi mayor resguardo para que dejen de lastimarme por un tiempo. Necesito dejar de recibir baldazos de agua congelada, necesito recuperarme un poco para poder después abrir mi corazón correctamente a quienes lo merezcan, pero este muro que yo misma fui construyendo de a poco me permite hoy curar de a poco las heridas.

Lamento no poder bajar la guardia, ni destruir mis muros, ojalá pudiera cumplir con las expectativas que tiene de mi los que me rodean, pero hoy necesito cumplir mis propias expectativas que sería imposible si no me resguardo un tiempo dentro de mi burbuja. Lo que más lamento es tener que crear este muro de tantas flechas que llegaron a lastimarme, tener que aislarme por el rechazo a una nueva embestida que no podría soportar.


El día de mañana van a entender(me) y voy a poder explicar mejor que a veces es necesario retirarse de las jugadas para poder apostar un poco más después, porque en este juego de la vida no gana el que más apuesta sino quien sabe cuándo retirarse del juego.


ARRIESGAR

Entre algunas copas me perdí. Ya no recuerdo si eran de cerveza, vino o fernet, no recuerdo si me llevaron a ese lugar o yo misma me fui derecho al infierno. Se había esfumado mi esencia. Era un tren que estaba descarrilando y no podía frenar, nunca pude frenar a tiempo, no iba a hacerlo ahora. El conductor del tren estaba alcoholizado y con pocos reflejos, las vías ya estaban oxidadas de pasar tanto tiempo bajo la lluvia -mis lágrimas- y el sol -mi sonrisa-.

Nunca fui buena esquivando proyectiles y menos si eran vasos de alcohol. Venía ya hace tiempo con el alma a cuestas y las miradas de las personas empezaban a punzar, la toalla la había tirado unos tres bares atrás y mis pulmones estaban cansados de quejarse del dolor -no físico precisamente-.

Sólo quería que alguien me saque de ese lugar, ya no sabría a quién culpar si a todos los que me llevaron a eso o simplemente asumir todas las responsabilidades por encontrarme ahí en esa oquedad sin luz y sin salidas; no supe nunca asumir responsabilidades y es más fácil señalar a otros como los culpables, pero realmente creo que esta vez  yo no me había metido en esa hoguera.

No era tan fuerte como me veía por fuera – o como siempre pretendí que me vieran-. Soy todo esto que no ven: una mujer llorando en rincones y reducida a cero tantas veces que ya no logra verse de otra forma. ¿Por qué distorsionar(me)? Si es claro que me caigo cada vez que intento remontar, cada vez que asoman mis alas para desplegarse aparece un ser travieso con tijeras y poco pulso haciendo lo que todos los que dijeron quererme una vez hicieron: romperme, quebrarme, descarrilarme.

Dicen que cada golpe te hace más fuerte y me gustaría poder ser el ejemplo de eso y aunque a veces siento que puedo con todo y me llevo el mundo por delante, tengo miedo. Miedo de un día no poder extender mis alas, miedo de que mi tren choque y no haya vuelta atrás. Algún día no va a haber freno que soporte mis impulsos ni paracaídas que aguante mis derrumbes.

Pero a sabiendas de que algún día yo misma me voy a cansar de mí y me voy a decir basta, prefiero seguir metida en los bares antes que en las piernas de otro inútil con tijeras. Prefiero seguir, hoy, mirando la vida a través del cristal lleno de ¨birra¨ para que ningún otro conductor decida el destino de mi ferrocarril. Que, si me equivoco, sea por mí.

Si me rompo, me quiebro o descarrilo sea por arriesgar(me).

Carta a Lucas

Querido Lucas:
Quiero antes de decir el último adiós tomar una foto, una imagen que nunca voy a revelar para tenerla en papel juntado polvo. Sé que para vos las cosas terminaron hace tiempo, pero para mí todavía la llama sigue intacta. Perdón, por quedarme queriendo sola...perdón.

Las cosas con el tiempo se desgastan, pero nosotros ni siquiera habíamos empezado. Lo nuestro estaba floreciendo, no llegamos a ver el sol. No soy tonta, sé que ya me olvidaste y muchas marcas de labial mancharon tus sabanas ya. Solo quiero quedarme con lo mejor de lo mejor que me paso.


Soy un desastre y sé que arruino casi todo lo que toco pero esta vez ni siquiera pude llegar a rozarte, no sentí tu aliento arder en mi espalda ni te quemó mi mirada de frente. Por lo poco que fuimos, por lo mucho que nos faltó ser: déjame tener una foto de esto, de vos, de nosotros.


Vos y yo sabemos que es hora de despedirme y digo despedir-me porque vos te fuiste hace tiempo y ni siquiera me dejaste una nota, un mensaje en la pared, ni una llamada perdida, tampoco un beso final. Me quedé queriendo sola y ya entendí que tengo que irme porque no vas a volver.


Me gustaría antes de irme tener una imagen de nosotros, riéndonos tirados en el piso haciéndonos cosquillas. Volver el tiempo atrás para no quedarme mirando el techo mientras nos reímos sino para mirarte fijo y sonreír mirándonos a los ojos. En ese momento quiero frenar el tiempo por unos segundos, mirar por última vez tu sonrisa y seguir para irme, irme del todo, irme de vos.


Necesito guardarme un recuerdo que cuando quiera mirar para atrás y preguntarme ¿A dónde voy? me haga dar cuenta que voy lejos, lejos de vos y avanzando hacia lo que quiero ser en la vida. No puedo pasarme la vida esperando una respuesta tuya porque hace tiempo rehiciste tu vida, tengo que salir a la vida y cumplir mis metas pero antes quería agradecerte por lo compartido. 


Es una carta que sé que no vas a leer y aunque soy consciente de eso la escribo igual porque no quiero dejar nada por decir, quiero vomitar lo que quede dentro de mí. Me llevo esa imagen: las cosquillas, las risas, en el piso jugando como dos chicos. Y si algún día llegas a leer esta carta, tómalo como una cortesía: yo SI me despedí, no con un beso final pero si con una carta. Si algún día llegas a leer esto ambos sabemos que no te llamas Lucas, pero el nombre me parecía algo innecesario porque vos y yo sabemos de qué historia hablo.


Gracias, Lucas. Por todo lo vivido, por dejarme tan precipitadamente que me despabiló tu partida de un golpe. Gracias, a vos por las cosquillas y por darme aunque sea un motivo para superarme día a día: demostrar al mundo y a vos que ni la más fría soledad me va a paralizar. Me quedo con la foto mental y me voy, me voy lejos, lejos de vos. Me voy a ser todo lo que un día dijiste que no podía.


Te debo mucho, aunque no voy a poder retribuirlo, dijiste las dos palabras mágicas que me hicieron ser lo que hoy soy: “no podes”. 


Gracias, Lucas. Espero que algún día leas esta carta y sepas que esta es mi forma de cerrar el capítulo que vos dejaste sin puntos suspensivos ni finales.






Hoy

A veces creo que te voy a extrañar toda la vida. No es fácil cuando las historias terminan. Más cuando terminan sin puntos, ni suspensivos ni finales.

Merezco alguien que me mire perdidamente enamorado. Exijo que me amen en cada rincón del espacio que habito. Quiero que me besen desde los ojos hasta los tobillos.

A veces pienso que tu recuerdo no se borra ni aunque vuelva a nacer. Pero soy prudencial al hablar de esto: tengo que hacerte desaparecer. Y esta vez, lo voy a hacer yo.

Un clavo SÍ saca otro clavo, SI se puede tapar el sol con un dedo y SI se puede nadar en contra de la corriente. Pero tengo que frenar con este método de superar historias que no llevan a ningún lado (por lo menos no a mi). Mis dedos ya se cansaron de tapar el sol y se me oxidaron los clavos, nunca supe nadar. Tengo que tomar medidas, diferentes a las que vengo tomando en mi vida.

Te voy a desintegrar de mis memorias mejor guardadas, no mereces ese espacio que ocupas. Tengo que desempolvar los rincones, tus promesas estando ahí junto a los tomos 1 y 2 de todas las palabras que dijiste en vano sólo juntan tierra y humedad en mi alma, en mis días, en mi vida.

Necesito un día abrir los ojos y que se haya borrado de mi memoria tu sonrisa. No porque alguien más me sonría, esta vez iba a ser porque YO quise que fuera así. Un día voy a preferir sonreír yo a ver tu sonrisa y ese día es hoy.

No necesito soñarte más, aspiro más alto ahora...tal vez algún día me entiendas, tal vez no. Pero ya saqué el dedo del reflejo del sol, ahora cierro los ojos e imagino una tormenta si la luz me molesta. Las soluciones ahora, parten de mi. No busco clavos para sacarte ¡No sos un clavo! Sos una historia que llegó a su fin antes del prólogo y sé que voy a leer ése prólogo las veces que sea necesario antes de entender que algunas cosas no llegan a ser y hay que aceptarlo así.

A veces pienso que es el final más largo que me tocó vivir pero no quiero enredar mis pensamientos en historias viejas, voy a seguir adelante porque ya lo decidí. 

Agarrar el volante de mi vida, aprender a manejar en el camino, si tengo que chocar y salir herida para aprender, lo hago. Nada me detiene en esta intermitencia que es tu existencia, nada me ata a este lugar de “ser algo” que dejó de ser hace tiempo.

Seguir adelante es una decisión que parte de uno y no tengo muchas opciones. Tengo que salir a tropezar conmigo misma en vez de quedarme aca enredada a vos y tu fantasma.

Vas a dejar de existir, no voy a nombrarte más y no voy a soñarte de nuevo, no voy a pensarte más ni intentar encontrarte de casualidad.

Voy a desempolvar todos los rincones y ordenar mis pensamientos, abrir para que entre un poco de sol y sonreír para que el espejo me devuelva un reflejo más positivo. El punto final que vos no te animaste a poner, lo pongo yo.  El punto final, lo pongo HOY.




El vino

La fragancia de mi perfume se mezclaba con el aroma que destilaba ese Cosecha Tardía e inunda el cuarto, mis frágiles dedos ya no tenían fuerzas más que para sostener ese vaso lleno de alcohol.
La culpa no la tenía el vino, la culpa tampoco la tenía yo.

Siempre toco fondo y vuelvo para tomar aire y seguir. Esta vez toqué fondo, pero me estaba quedando sin oxígeno y sin fuerzas para subir a buscar un respiro.

Haciendo malabares siempre con las mochilas que llevo a cuestas, una me hundió. Las mochilas tampoco tenían la culpa, no quería buscar culpables y tampoco quería soltar el vino ¿Qué podía perder?
Hecha pedazos o entera ya no era igual, aunque haya intentado agarrar mis pedazos y reconstruirlos! toqué fondo tantas veces que ya no podía respirar y me ahogaba… no se si en mis propios pensamientos  o en el vaso de vino.

Me ahogué y no pude salir a flote
Toqué fondo y me ahogué, me quedé sin aire. Tu voz manejaba a la perfección las mareas y las más bravas olas que fastidiaban mis mares. Ya no era lo mismo, yo mis mares y mis mareas eran diferentes. Me veo al espejo y las ojeras eran cada vez más oscuras y profundas eran la prueba más evidente de todas las noches que pasé en vela ahogándome.

Llené de nuevo el vaso, puse música y empecé a escribir. Me gustaría escribir(te) para que se entienda que ya no busco culpables, se que no soy yo la culpable, tampoco lo fueron mis tormentosas olas. Necesitaba inhalar-exhalar y seguir con mis pensamientos pero el delineador empezó a recorrer mi mejilla...las lágrimas brotaban de mis ojos como una tormenta. Me ahogué, en mis lágrimas esta vez.

Me sostenía la cara con mi frágil mano y entendí que no era culpa del vino, y tampoco era mi culpa. Era la noche, que cuando uno no puede descansar los sueños vienen a la realidad, y cuando esos sueños son imposibles se hace presente la nostalgia (de lo que no puede ser).

Seguía cargando mi vaso, bebía y disfrutaba cada gota ahogada y ya sin aire, entre mis sueños y pensamientos. La noche era cada vez más cruel pero seguía sin tener nada por perder. Buscaba salir a flote para volverte a buscar aunque estoy segura que cuando tenga una mínima gota de oxígeno o un breve respiro no voy a buscarte, voy a buscarme.

Ya no busco culpables, entendí que nadie tiene la culpa. Pero a veces es necesario ahogarse, en llanto o en un vino...para entender. Tenía que entender que nadie era causante de esta catástrofe. No iba a soltar el vaso de vino ni a limpiar el delineador, no iba a frenar mis lágrimas. Necesitaba ahogarme para tocar fondo las veces que sean necesarias.

Que tocar fondo no tenga que ver con caer bajo, con rendirse. Tocar fondo es llegar. Tocar fondo no te deja otra posibilidad que salir a flote y respirar. Llegar al piso y que sólo quede subir..las veces que sea necesario para buscarme y encontrarme con los pulmones llenos de aire para llorar(te) y gritar(te).


Una historia.

-Perdón... volví
-No aguantaba más ¿sabes?
-Se que hace mucho no hablamos
-Me encontré rodeada de recuerdos
-Sólo quería…no, nose que hago
-Perdoname pero soy así impulsiva
-Me enredo con mis palabras
-Es que pensaba en que tal vez…
-El tiempo cura todo dicen ¿no?
-Yo sólo quería saber si…
-Bueno, el olvido no es fácil
-Yo no pude olvidar
-Esperaba que algo pasara ahora que..
-¿Me olvidaste?
-Tenía curiosidad de saber que te pasa  
-Quería conocer tu presente
-¿Me extrañas?
-Bueno, no quiero invadirte tampoco
-No puedo evitar querer saber de vos
-Pero bueno, no se que hago acá
-Es una noche muy linda ¿la ves?
-Yo no quise que todo esto…
-Bueno, no quise que nada fuera así
-¿Te arrepentís de algo?
-Me hiciste mucho daño ¿sabes?
-Yo perdoné, me conoces y bueno…
-No quise guardar rencor ¿vos?
-Pensé que tal vez podríamos intentar…
-Me gustaría que nos llevemos bien
-Espero que tu presente sea hermoso
-Yo no extraño nada, nose que hago acá
-Soy efusiva, perdoname
-Es agotador seguir ignorando
-Ignorar tantas cosas ya no….no puedo
-Mi vida es distinta ahora
-Estoy perdida en responsabilidades
-No es que hayas preguntado, sólo decía…
-A veces me desanimo un poco
-No quiero parecer un loro pero ansiaba esto
-Esto de poder verte y ya no temblar
-Tenía ganas de sentarme y hablar
-Nos debíamos eso
-¿A qué viniste vos?
-Perdón, no es una buena pregunta
-Me alegra verte bien
-Ojalá sigas así y nada borre tu sonrisa
-No se a que vinimos, pero me entusiasma
-Pensé tantas cosas antes de venir
-Podríamos encontrarnos otra vez
-Ya un poco más sueltos, por lo menos yo
-Imposible que no esté tensionada
-Fuiste mi gran amor ¿sabes?
-Siento que fallé, pero ya dejé de culparme
-Y también de culparte
-¿Crees que algún día funcione(mos)?


+Si.. *la abraza*


Y ella, sólo sonrió. Lo demás, es historia.





Que sea lo que vos quieras

Me tocaba a mí ser la mujer que todos querían. Me levanté decidida a sonreírle a la vida, esa vida que tantas veces me dejó de rodillas.

Era mi turno para salir a la calle y hacer que sus miradas queden grabadas en la estela que dejaba mi perfume. Merecía que alguien me mire como si entendiera mi dolor, aunque no lo hiciera.

En el ta-te-ti de la vida me tocó, ahora si, alzar mi mirada y no bajarla ante nadie. Caminar por las calles llenas de almas rotas esperando que del cielo caiga algún zorro sin pelos y sin mañas.

Tenía que dejar de buscar príncipes azules que después de las doce se convierten en sapos. Aunque fuera “buen tipo” si no lo quiero, no puedo permanecer a la fuerza. Necesitaba algo más, alguien que al igual que yo siempre mire más allá. Que permanecer tenga que ver con querer estar, querer ser.

Salí a comerme el mundo, antes que el mundo me consuma a mi. No quería ser reducida a cenizas sin antes arder en el fuego intenso de un gran amor.

Esta vez no lo iba a buscar, sólo iba a dejar que el tiempo ponga cada cosa en su lugar y sé que mi vida era lugar más que indicado para que un hombre hiciera el hueco de su nido.
No quiero ser más espectadora de las películas de comedia romántica, merecía ser la protagonista. Quiero ser protagonista de mi propia historia, que mi nombre sea el principal en la vida de alguien más.

No iba a andar con una lupa buscando debajo de las baldosas un poco de caridad. Merezco amor, amor posta; del bueno y sincero, ese amor que yo tanto di y no fue retribuido. No lo iba a buscar, lo voy a esperar.

Tampoco esperar sentada, no quería estar cómoda, pienso seguir moviéndome hasta que mi cuerpo diga basta. Que venga el que quiera venir y que se vaya el que se tenga que ir. Algún compañero que pueda ir codo a codo va a meterse en mi vida sin pedir permiso y ahí voy a estar con la frente en alto, una sonrisa, ganas de ser y permanecer.

Tengo mi pecho listo, para anidar un gran amor, de película! De esos que se ríen a carcajadas en la calle a pesar de las miradas, de los amores que en cada esquina frenan para besarse, estoy lista. 

Permanezcamos y anidemos, que sea lo que tenga que ser y ojalá que sea amor.